¿Cómo tomar una decisión difícil?

Hay momentos de la vida donde toca tomar decisiones en conjunto: con la pareja o con la familia. Tomar decisiones de por sí puede ser difícil, puede generarte sensación de inseguridad, dudas y miedo. Y si esta decisión pone en juego un vinculo, puede complicarse aun más.

Puede tratarse de decisiones existenciales, como tener o no un hijo… Decisiones familiares sobre el tratamiento médico de un familiar, una mudanza… En estas situaciones, ¿cómo hacer para ponernos de acuerdo?

Primero: Entender que la otra persona puede pensar y sentir diferente a mi. Eso no significa que está en mi contra. Ser diferentes no nos hace rivales. 

Las personas tenemos la tendencia a reaccionar: somos dueños de nuestra verdad y en primera instancia, rechazamos lo diferente. La realidad es que hay un hecho o una situación, algo muy real, pero alrededor de eso hay un crisol muy variado de sentimientos e interpretaciones.

Lo que quiero decir con esto es que no hay que estar de acuerdo, eso está bien y no es el objetivo. La decisión puede ser un punto medio entre lo que quiere uno y lo que quiere el otro. Es importante escucharse mutuamente y validar lo que cada uno siente. Podemos no estar de acuerdo, pero es necesario respetar y no rechazar. 

“Bueno pero entonces… ¿cómo tomamos la decisión?” Charlando y charlando. No hay otra forma. Escuchar y hablar. Hablando de lo que sentimos y de lo que pensamos, escuchando el argumento del otro. ¿Hay puntos en común? Seguro que sí. Y si no hay puntos en común, hay un vínculo de algún tipo. Es decir: si el tema que están discutiendo los encuentra en veredas enfrentadas, recuerden por qué están juntos, cuál es el objetivo y la motivación de ese lazo. Tal vez ahí esta la respuesta que están buscando.

Desde esos puntos en común, parte la decisión. Si te parece que no hay salida, esa es la salida. Tal vez no estar de acuerdo, sea parte de la decisión que tienen que tomar.

A veces la «decisión» no es la que querías ni la que el otro quería, es una tercera opción.. que probablemente no nos gusta porque tu mente no esperaba que esto termine así. ¿Y porqué señalo la palabra decisión entre comillas? Porque no es algo que elegirías, no es una elección pero es la consecuencia de no poder llegar a un acuerdo. 

Vamos a ponerlo en práctica con este ejemplo:

Vos querés azul y yo verde. Pero si no podemos negociar cuál será; será otro color o no será nada. 

Es decir que si nos ponemos de acuerdo, el resultado puede ser azul o verde, pero si cada uno mantiene su postura y no cede ante el otro, vamos a tener que negociar para que sea otro color, otro resultado. Y si no estamos dispuestos a negociar, no será nada. Y por ahí de eso se trate.

Es difícil no discutir cuando se está tomando decisiones importantes. Ojalá sea una oportunidad para aprender y crecer juntos.

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